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El 27 de julio de 2020 ocurrió algo histórico en Colombia, y pareciera que no lo hubiera sido, o por lo menos, pudo haber pasado desapercibido. Más de 10.000 personas estuvieron conectadas vía streaming presenciando una audiencia pública, que en este caso correspondía a una formulación de imputación y solicitud de imposición de medida de aseguramiento, en este caso, en contra el abogado Diego Cadena, por supuestamente haber ofrecido dinero a un testigo a efectos de que declarase de manera mendaz. 

La razón por la que decimos que este suceso pudo haber pasado desapercibido, es porque no se advirtió, o por lo menos en el círculo académico no es un tema que se haya debatido en mayor medida, que aun cuando históricamente las audiencias en los procesos penales, si bien son concurridas, por lo general no tienen un número de espectadores como el que en aquella oportunidad se pudo advertir.

Así fue como 10.000 personas verificaron cómo la fiscalía y la defensa se enfrentaron en el marco de un proceso adversarial, y cómo un juez de control de garantías hizo las veces de tercero neutral e imparcial. 10.000 personas fueron garantes de los derechos de los procesados y de la víctima, y ejercieron labores de veeduría respecto del interés principal de la justicia, que en este caso es dar a cada quien lo que le corresponde.

Ahora bien, no por ello podemos olvidar que la virtualidad puede ser un arma de doble filo: decimos un arma porque ello es lo que tiene la comunidad en sus manos; y decimos de doble filo porque al final de cuentas este tipo de escenarios requieren de jueces imparciales, bien instruidos, y lo suficientemente preparados como para no permitirse ser afectados por la opinión del público en general.

Nunca antes en Colombia la carrera judicial ha sido más importante como ahora, cuando la virtualidad se encuentra acechando a la administración de justicia; nunca antes la carrera judicial ha sido tan importante como el día de hoy, a efectos de garantizarle a todas las personas que quien está en el estrado administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley, lo hará sin pretender ser ovacionado.

Recordemos las palabras de un gran jurista antioqueño, joven pero no por ello inexperto, que enseña que los abogados, independientemente del lado en el que estemos, no escogimos ser populares, porque si ello fuese así, habríamos decidido ser actores de cine o de teatro; nosotros los abogados escogimos el camino de la verdad, una verdad que se construye a partir de decisiones correctas que satisfagan los intereses de la comunidad en general. Así pues, bienvenida la virtualidad y bienvenida la publicidad en los procesos penales, pero por sobre todo, bienvenida a la carrera judicial que tanta falta le hace a un país, que por lo general, encuentra que las decisiones de sus jueces, pareciera que se tomaran más por garantía de popularidad, que por garantía de imparcialidad.